La historia de Petra se remonta a la época de los nabateos, un pueblo árabe que alcanzó su máximo esplendor entre los siglos IV a.C. y I d.C. dedicándose al comercio. La presencia de agua y la seguridad proporcionada por el emplazamiento de la ciudad hicieron de Petra una parada natural en la intersección de varias rutas de caravanas que conectaban Egipto, Siria y Arabia con el sur del mar Mediterráneo, cargadas sobre todo con productos de lujo (especias y seda de la India, de marfil de África, perlas del Mar Rojo e incienso del sur de Arabia).
Petra es conocida como la ciudad perdida porque fue completamente abandonada y no fue “descubierta” por los occidentales hasta principios del siglo XIX. Los principales motivos del abandono fueron un terremoto y la apertura de nuevas rutas marítimas que terminaron de desplazar a Petra como una ciudad clave para el comercio.
Otro motivo fue su su especial ubicación en un valle rodeado por altas montañas rocosas cuya entrada es el profundo cañón conocido como el SIQ, que en su lugar más estrecho mide apenas dos metros de ancho.
Según los historiadores, un explorador suizo (Johann Ludwig Burckhardt) se hizo pasar por un mercader árabe y consiguió que los locales lo lleven hasta la entrada de la ciudad perdida en 1812.