Para visitarla llegamos en TRAM T1 (Kabataş-Bağcılar, pronunciado: kabatash-baatchilash) y descendemos en estación Sultanahmet a 230m de la entrada.
Calcular para visitarla una hora en total (salvo que se queden adentro rezando o que encuentren un contingente de turistas demasiado grande o que lleguen justo a la hora del rezo). La entrada es gratis.
Atención 1: la mezquita estando operativa, debemos seguir un código de vestimenta y de comportamiento al ingresar: hombres con pantalón largo, y mujeres con cabeza tapada y remeras con mangas y sin mostrar el escote, lo más silenciosos posibles/solemnes, y sin usar el flash de las cámaras (además nos retiramos los zapatos o los cubrimos con fundas de plástico que nos proveen).
Atención 2: durante los 5 turnos de rezo diarios, la mezquita cierra para los turistas durante al menos 30 minutos, hay que tratar de llegar un rato (o bastante) antes para estar tranquilos. Cuando fui solo, de todos modos, pasé por musulmán, y me senté a meditar, y a hablar con dios mientras veía a los fieles rezar. Horarios de misa actualizados: http://www.namazvakti.com/Main.php?WSLanguage=ES
Es un edificio de fabulosa arquitectura que oficia actualmente una mezquita, pero antes ofició como museo (hasta el 2020), más antes como mezquita –durante la égida del Imperio Otomano, desde 1453 hasta principios del siglo XX – y en un principio como Iglesia Cristiana Ortodoxa, durante el Imperio Bizantino (también conocido como Imperio Romano Oriental). Su construcción data del siglo 6 y se caracteriza por ser una construcción pionera en relación a los domos (sobre todo el central, por su diámetro y su altura desde el piso). Encontraremos bellas inscripciones coránicas por doquier pero también antiguos frescos ortodoxos (semi-derruidos).
La entrada, por ahora, sigue siendo gratuita.
El palacio Topkapi se erige en lo que era la acrópolis de la ciudad de Bizancio y domina el Cuerno de Oro, el Bósforo y el mar de Mármara. En sus momentos más prósperos el palacio acogía hasta 4000 mil personas/servidores. Desde 1921 oficia como museo. Ofrece muchos ejemplos de arquitectura otomana y alberga importantes colecciones de porcelana, ropa, armas, escudos, armaduras, miniaturas otomanas, manuscritos de caligrafía islámica y pinturas murales, así como una exposición permanente de tesoros y joyas otomanos.
La entrada cuesta entre 24 y 34 dólares. Tal vez no sea mala idea visitarlo en un día diferente al que visitemos Hagia Sofía para darle toda la atención que se merece. Disponer de al menos 2 horas para ver con tranquilidad todas las instalaciones, lo que incluye sentarse a mirar el paisaje marítimo desde algún punto panorámico, pasear en los jardines con decoración árabe, visitar los distintos aposentos, la cocina y el museo de armas. Pero hay quienes lo visitan en 1 hora.
Prever en temporada alta (julio-agosto) un gran afluente de turistas y una gran fila para ingresar (1 hora extra).
No hay servicio en invierno (Nov-Mar). Cuesta entre 10 y 20 TL (liras turcas). En principio salen y vuelven a Eminönü. Nosotros tomamos el de 2hs y nos alcanzó perfecto.
El Mercado de Especias era conocido por los cronistas del siglo XVII como ‘Nuevo Bazar’. Sin embargo, dado que los productos que se venden en las tiendas aquí eran en su mayoría productos y especias de Egipto, comenzó a llamarse ‘Bazar Egipcio’ a partir de mediados del siglo XVIII. El nombre Spice Bazaar se usó más que los otros nombres del edificio, y los viajeros extranjeros también mencionaron el edificio como ‘Bazar Egipcio’ en sus libros de viajes (como en la Constantinopla de Edmondo de Amicis, con fecha de 1874). Entre 1940 y 1943, el Mercado fue objeto de una restauración integral por parte de la Municipalidad de Estambul.
Abierto de 8 a 1930hs. Cerrado el 29 de octubre y durante distintas festividades musulmanas. Se puede visitar luego del Paseo por el Bósforo o en el día que asignemos a las compras (aunque no vayamos a comprar).
Es lindo y vistoso pero muy caro. Además, como cocinero no me gusta que las especias tomen aire y luz. Yo evitaría comprar aquí y lo haría en la parte asiática de Estambul si tenemos la oportunidad, o en un comercio perdido en alguna calle tipo dietética o herbolario de la misma zona.
El circuito puede continuar en la zona “moderna” de Estambul, el distrito Beyoğlu. Para eso tomar el T1 hasta Karaköy o cruzar a pie el Cuerno de Oro por el puente (el Galata Bridge) que une Eminönü y Karaköy.
La parte más antigua del Kapalı çarşı data de 1455 y fue construida en madera por orden de Mehmed II, en el emplazamiento de un antiguo mercado. En el siglo XVI, con Solimán el Magnífico, se amplió considerablemente. Fue restaurado y parcialmente reconstruido tras un terremoto en 1894. Fue asolado varias veces por el fuego, el último de los cuales ocurrió en 1954, destruyendo la mitad del edificio.
Como todos los bazares, está organizado por distritos, cada uno de los cuales agrupa un determinado tipo de artesanía: joyería, alfombras, textiles, mosaicos, platería. El Gran Bazar se distribuye en un área de 110.868 m2 y tiene un área cerrada de 45 mil m2, 3600 locales comerciales y 14 posadas en 65 calles.
Dicho esto, yo no compraría nada en las partes techadas y “renovadas”, ya que ahí te ven la cara de turista a distancia (los vendedores hablan varios idiomas). Aún peleando los precios (cosa que los vendedores esperan) terminé pagando más de lo que pagué en las afueras del centro del Bazaar (ver más abajo la sección “Qué y Dónde Comprar”), llegando al Mercado de Especias.
Así lo describía Edmondo de Amicis en 1867 (traducción libre del inglés):
“No te encuentras en un edificio, sino en un laberinto de callejuelas -una verdadera ciudad, con mezquitas y fuentes, calles y plazas, impregnadas de la luz tenue y apagada del bosque, donde no penetra ningún rayo de sol, y abarrotadas de inmensas multitudes. Cada calle es un bazar, que generalmente surge de la vía principal, una calle cubierta por un techo de arcos de piedra blanca y negra y decorada con arabescos como la nave de una mezquita.”
“Diez voces le llaman a la vez: “¡Señor! ¡Capitán! ¡Caballero! signore ! eccelenza ! kyrie ! milor !” En cada calle se vislumbran nuevas vistas, largas filas de columnas y pilares, corredores, otras calles, otras calles que se abren de nuevo, arcadas y galerías, confusas vistas lejanas de nuevos bazares, tiendas, mercancías suspendidas en las paredes y en los tejados, mercaderes bulliciosos, porteadores cargados, figuras de mujeres con velo, grupos ruidosos, que se forman constantemente, se disuelven y vuelven a formarse –una mezcla de vistas, sonidos, colores y movimiento que hace que la cabeza se convierta en un torbellino. La confusión, sin embargo, es sólo aparente: en realidad, este enorme mercado está organizado con tanto sistema y orden como un cuartel, y uno tarda sólo unas horas en sentirse lo suficientemente cómodo en él como para encontrar el camino a cualquier objeto sin dificultad o sin la ayuda de un dragomán. Cada tipo de mercancía tiene su propio barrio especial, su pequeña calle, su pasillo y su plaza; hay cien pequeños bazares que se abren unos a otros como las habitaciones de un vasto conjunto de apartamentos, y cada bazar es al mismo tiempo un museo, un paseo, un mercado y un teatro, en el que se puede mirar todo sin comprar nada, se puede tomar una taza de café, disfrutar del aire libre, charlar en una docena de idiomas diferentes […].
Aquí podemos perdernos en la zona comercial (nosotros almorzamos en un lugar local de comida por peso –mucha comida muy económica–, increíble, local, y con té rojo gratis) y si es sábado buscar el mercado al aire libre. Yo no me alejaría tanto de la costa si luego queremos ir a Üsküdar. Para los amantes del café de especialidad, buscar Montag Coffee Roasters o Coffee Manifesto y tomarse un café árabe sin quemar o un capuchino con leche vegetal.
Tomar un colectivo con dirección a Üsküdar (el 12 al momento de escribir esta guía) y pasar el atardecer tomando té en las alfombras a orillas del Bósforo, tal como hacen los locales.
Pero atención: evitar hacer esto un Domingo pues es un CAOS de gente. Si justo estás aca un Domingo te recomiendo caminar por la costa o tomarte algo en algunos de los coquetos bares que están pegados al Bósforo.
Centro neurálgico de la nueva Estambul, esta plaza es un paso obligado para hacer transbordos y también como punto de partida para descender hasta la torre del Gálata a través de hermosas callejuelas y pintorescos comercios/bares/cafés. También para ir al Museo de La Inocencia. Este es el complemento físico de la novela homónima de Omar Pamuk que no hace falta que leas antes pero no vendría mal aprovechar la oportunidad.
Torre de Gálata (Galata Kulesi)
Esta torre de guardia visible desde varios puntos de la ciudad fue reconstruida en 1348 por mercaderes, comerciantes y empresarios genoveses en plena expansión por Constantinopla (Gálata era el nombre de la colonia/ciudadela genovesa). Está en la parte superior el barrio de Karaköy, en el distrito de Beyoğlu. Desde allí, una vista 360º: palacio Topkapi, Mar de Mármara, el Cuerno de Oro y el Bósforo con muchos barquitos pululando y es un espectáculo maravilloso cuando toda la ciudad que comienza a iluminarse al ritmo del descenso del sol. El mirador está a más de 50 metros de altura, lo que nos da un total de 85 metros sobre el nivel del mar. Cuenta con un restaurante, pero la vista desde adentro se entorpece con la gente que estará continuamente moviéndose en el balcón.
La entrada cuesta cerca de 12USD.
Calcular subir una hora antes, para ver el atardecer. Yo subí en invierno (y me faltó abrigo), en temporada baja (fin de enero), porque en verano (agosto) no nos bancamos la cola infinita y lenta que no se movía (había por lo menos para 2 horas de espera). La vista es alucinante y me quedé como 2 horas, incluyendo 30 minutos adentro tomando un cafecito porque faltaba un montón para el atardecer y no tenía cámara para divertirme (la verdad, esto se puede evitar con más timing).
Ver TIPS EXTRA (más abajo) para saber cómo subir desde Karaköy (orillas del Cuerno de Oro/Bósforo) sin romperse las piernas con pendientes de hasta 24º.
Es una hermosa zona pegada al Bósforo, con comercios, restaurantes y comida al paso, una linda mezquita y vista a uno de los puentes inmensos que cruzan el Bósforo. El único inconveniente es queda bastante lejos y se llega en autobús (haciendo combinación en Kabataş) o a través de un ferry desde Üsküdar.